Los monstruos eran ellos (I)

Facebook, Twitter, Youtube, Google+… están llenos de monstruos. Personas y personajes singulares que en muchas ocasiones son capaces de congregar a millones de usuarios: Lady Gaga, la locuaz Anoying Orange, los buscavidas del barrio Banderilleros (Malviviendo) o el chaval que canta “Soy Cani”. ¿No será que los monstruos eran los otros, los éxitos de la cultura de masas?

La línea del tiempo es la que nos lleva del orden al caos, la entropía. Es la tendencia natural de las cosas. Si tiramos un plato, se rompe; pero si tiramos los trozos, nunca obtendremos un plato. Si aún así nos empeñamos en recomponerlo, utilizaremos una energía que provocará todavía más caos.

La cultura de masas obligó a dedicar grandes cantidades de energía a ordenar la diversidad social para adaptarla a sus características. Encuestas, estudios de mercado, propaganda, manipulación, publicidad… Todo para lograr un consumo masivo. O bien adaptando el producto a la masa (sobre todo al principio) o bien adaptando la masa al producto.

Una de las grandes herramientas de la cultura de masas para el logro de esos objetivos ha sido el control de la información y su difusión. La televisión, sobre todo, y antes la radio y los periódicos, eran el embudo a través del cual los millones de “trozos” de la sociedad (identidad, personalidad, diversidad, gustos, preferencias, necesidades…) se iban convirtiendo en el “plato” de una sociedad masificada.

Por eficiencia, lo conveniente era crear unos estándares. Y la principal estrategia ha sido la aspiracional: crear un mundo perfecto y deseable: personas guapas, o fuertes, casas y coches caros y buenos sentimientos: paz, amor, justicia. Es decir, que no nos viéramos reflejados en el espejo de lo que somos, sino de lo que desearíamos (o aspiramos a) ser. Resumiendo, todo lo que tienda a parecerse a la familia Pitt-Jolie es normalidad, y todo lo que se aleje, monstruosidad.

En una entrada anterior comparaba la entropía de esta primera fase de desarrollo de las redes sociales en la internet con el Big Bang. Todavía prevalece el orden representado por las plataformas a través de las que discurre casi todo. Fundamentalmente Google, Facebook, Twitter y Youtube. Y los proveedores de la infraestructura, como Telefónica en España, dedican sus energías a buscar alianzas con ellas para mantener el orden (establecido). Pero sus objetivos son diferentes. A las plataformas que acogen de forma virtual a las redes sociales no les importan los contenidos. Lo suyo no es la cultura de masas (ordenada), sino las masas en sí mismas (caóticas).

En el ámbito de los contenidos es donde el caos avanza a mayor velocidad. Es lógico si tenemos en cuenta que cada usuario tiene la capacidad de crear sus contenidos y hacerlos accesibles a millones de personas.

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