Patti Smith. Memento mori

Es el verano de 2010. Patti Smith vomita palabras sobre el escenario. Enjuta, desgarbada, extemporánea, la ropa suelta le da una apariencia fantasmal. Habla sin parar, en inglés, ante un auditorio que mayoritariamente no entiende lo que dice. Pero todos prestan atención hipnotizados por la hermosa cadencia de su entonación. Su voz es bella no solo cuando canta. El tono es salmódico y un tanto solemne, como de alguien que reza. Evoca a Jim Carroll, el poeta beatnik moderadamente yonki y chapero al que había conocido en su etapa iniciática de la universidad del Hotel Chelsia de Nueva York, cuando estaba a punto de perder la inocencia junto a toda una generación. Hace menos de un año que Carroll ha muerto de un ataque al corazón. Y evoca también, como ha hecho durante todo el recital, a su hermano Todd, a su marido Fred y a Robert Mapplethorpe, con quien estaba fundida por una relación que superaba todos los límites socialmente establecidos. Su pareja durante años, su amigo perpetuo e incondicional, y la persona con la que compartió la búsqueda de un camino artístico, que él encontró en una polaroid y ella en una vieja guitarra restaurada.

Está a punto de cantar “People who died”, un rock and roll acelerado, un poema que Carroll concibió como un punk rock que interpretaba con su banda. “Teddy, colocado de pegamento cuando tenía 12 años / se cayó de un tejado en la 29 Este. / Cathy tenía 11 cuando se metió / 29 barbitúricos y una botella de vino. / Bobby cogió leucemia, 14 años. / Parecía que tenía 65 cuando murió. / Era mi amigo. / Son las personas que han muerto, que han muerto. / Todos ellos eran mis amigos y han muerto”. (“People who died”. Jim Carroll. Catholic Boy. 1980. Patti Smith. Tripitina’s Uptown. 2010).

Esa mujer sobre el escenario es la superviviente de una generación representada en un grupo de artistas, colgados y reinonas que se sentaban en torno a una mesa redonda en la zona VIP del club Max de Nueva York, donde brillaba Andy Warhol. “Ninguna de las personas que frecuentaban la zona VIP iba a morir en Vietnam, pero pocas de ellas sobrevivirían a las crueles plagas de su generación”, recuerda Patti Smith en “Éramos unos niños” (Lumen. 2010).

Una generación empeñada en vivir el momento. A finales de los 60 y principios de los 70, cuando “Carpe Diem…” era el lema hedonista de miles de jóvenes, a los pies de un crucifijo en la habitación de Patti Smith se podía leer el final de la frase: “…Memento Mori”. Recuerda que tienes que morir. Era el tránsito de la luz a la oscuridad, de los colores del arco iris al cuero negro, de la ilusión a la decepción, del verano del amor al asesinato de Altamont durante el concierto de los Stones y la masacre de Charles Manson.

Ahora, con el paso del tiempo, Patti Smith se recuerda a sí misma como una niña cuando llegó a Nueva York durante aquella convulsa transición. Pero formaba más bien parte de quienes aportaron coherencia a aquella época, un discurso y un compromiso que confrontar a vacuidad y frivolización que lo amenazaban todo. Por otra parte, la vacuidad y frivolización que acabaron imponiéndose.

No era una niña porque había sentido el dolor de la vida y de la muerte y había sido consciente de ello. Había parido a una criatura sin padre un día que, según recuerda, era el aniversario del bombardeo de Gernika. Y había entregado a aquel niño a un matrimonio para que lo criara.

¿Y la muerte? La primera canción que Patti Smith escribió empezaba: “La muerte se arrastra por el pasillo vestida de mujer. / La muerte viene por la carretera vestida con sus mejores galas. / La muerte viene, no puedo hacer nada. / La muerte se va, pero algo debe de haber que permanezca. / Un fuego de origen desconocido se llevó mi amor”. “Fire of uknown origin” daría título a un álbum de 1981 de Blue Öyster Cult, la banda en la que tocaba los teclados Allen Lanier, que fue pareja de Patti.

Como en el poema de Carroll, la omnipresencia de la muerte en la vida y la obra de Smith permite seguir la pista de su evolución como artista a través de todas aquellas personas que fue dejando atrás, para siempre, sin que ella pudiera hacer nada. Eso será, tal vez, lo que “debe de haber que permanezca”:

Stephanie (1955)

Con ocho años, Patti Smith no entendía la razón por la que su amiga Stephanie, de doce, tenía que permanecer la mayor parte del tiempo postrada en una cama. De ella aprendió el placer de atesorar objetos, que más tarde tanto la uniría a Mapplethorpe y su habilidad de convertir en arte los tesoros del cubo de la basura. Poco antes de la muerte de Stephanie, Patti había robado un alfiler de su joyero. El sentimiento de culpa se le acrecentó con las fiebres de la escarlatina.

Mucho después, cuando hacía recuento de los muertos de su vida, escribiría: “No siento ninguna necesidad de justificarme por ser una de las pocas supervivientes. Habría preferido verlos triunfar a todos, que alcanzaran el éxito. Al final, fui yo quien tenía uno de los caballos ganadores”. (“Éramos unos niños”. Lumen. 2010).

Había nacido en Chicago, el lunes 30 de diciembre de 1946, pero pasó su infancia en Germantown (Pensilvania) –allí fue donde conoció a Stephanie– y más tarde en Deptford Township (Nueva Jersey). Recibió una educación cristiana que ha condicionado toda su vida, aunque por las noches prefería inventar sus propias oraciones para evitar las que le habían enseñado: “Si muero antes de despertar, ruego al Señor que se lleve mi alma”.

Más tarde, en su primer disco Horses, su versión de la canción Gloria de Van Morrison y Them empezaba: “Jesús murió por los pecados de alguien, pero no por los míos”.

John Coltrane (1967)

Patti Smith deambulaba recién llegada por las calles de Nueva York cuando se tropezó con el funeral de John Coltrane.

Durante su embarazo, que comenzó en el verano del 66, dio un giro a su vida y decidió que nunca volvería a trabajar en la fábrica donde era víctima de un infame acoso por su pasión por la literatura francesa, y quién sabe si comunista en opinión de sus jefes y compañeros. Tampoco volvería a la facultad.

En la gran ciudad vivió en la calle, durmió en parques y portales y se convenció a sí misma de que aquel sentimiento de libertad bastaba, que nunca habría de abandonarla. Aunque también pasó hambre y “hasta Boudelaire tenía que comer” (“Éramos unos niños”. Lumen. 2010).

El jazz comprometido de Coltrane está entre sus tempranas influencias musicales, junto a su idolatrado Bob Dylan, John Lennon, los Stones, Edith Piaf y las composiciones de Kurt Weill interpretadas por Lotte Lenya.

Martin Luther King (1968)

El pasado mes de enero, durante la celebración del día en el que Luther King debería haber cumplido 83 años, Patti Smith participó en el homenaje programado por los movimientos “Occupy Wall Street” y “Occupy the dream” en la iglesia de Riverside de Nueva York. Los versos de “Peaceable Kingdom” y “People Have the Power” se fundieron con las palabras del doctor que simboliza la lucha por la igualdad racial.

Cuando conoció la noticia de la muerte de Luther King, Patti estaba a punto de ser presentada oficialmente a la hermética familia de Mapplethorpe. Se habían convertido en vagabundos inseparables que compartían miserias y buenos momentos por las calles de la ciudad. Intentó expresar la tristeza que le produjo el asesinato, que su imaginario vinculó con el de Kennedy, años atrás. Pero no logró dibujar ni escribir nada.

Robert Kennedy (1968)

El asesinato del senador cuando estaba a punto de iniciar su campaña a la presidencia de Estados Unidos representó para la política lo que el año siguiente significarían para la contracultura el crimen de Altamont durante el concierto de los Stones y más tarde la acción macabra de Charles Manson. La pérdida de la inocencia. Patti Smith siguió con su padre el discurso de Bob Kennedy por la televisión: “Fui tan inocente como para creer que todo iría bien”. Cuando lo vio caer abatido por un disparo lloró y le pareció “que afuera, el mundo se estaba disgregando y que, cada vez más, también lo estaba haciendo el mío”.

Brian Jones (1969)

En el verano del 69, Patti Smith cumplió por primera vez su sueño de viajar con su hermana Linda a París y respirar el aire que habían respirado sus ídolos literarios: Baudelaire, Rimbaud, Verlaine, Genet… Y fue a través de los periódicos franceses como se enteró de la muerte de Brian Jones. Aquella noticia trágica la inspiró para escribir una serie de poemas y reafirmó su pasión por el rock and roll.

Un joven desconocido asesinado ante la puerta del loft de Mapplethorpe (1969)

Fue nada más regresar de París. La silueta dibujada con tiza de un joven asesinado ante la puerta del loft en el que vivía Robert Mapplethorpe representó el summun de la decadencia. El amigo, cuya homosexualidad había descubierto hacía poco, había empezado a prostituirse. Tras vivir en un hotel ocupado por putas y drogadictos llegaron al Chelsia, el hotel de los artistas que cambiaría sus vidas para siempre.

Sharon Tate (1969)

La angustia de la actriz en el momento de ser asesinada (junto a su hijo nonato) pasó a formar parte de los poemas en los que imaginaba a Brian Jones flotando boca arriba en la piscina. (“Éramos unos niños”. Lumen. 2010)

Jack Kerouac (1969)

La generación Beat, con todo su significado estético y de actitud, es clave para entender la evolución de Patti Smith y, en general, de toda aquella generación que hizo hervir las calles de Nueva York. Conoció a Allen Ginsberg cuando la confundió con un efebo en la cola de un restaurante automatizado. La invitó a un sandwich. Él escribía una elegía sobre el autor de “On the road”.

Masacre de la Universidad Estatal de Kent (1970)

Aquel 4 de mayo, Patti actuó en el estreno de la obra “Femme Fatale”, de Jackie Curtis. Pese al escándalo, no se suspendió. Aquello le hizo pensar que el arte debería tener un sentido, un compromiso. Fue cuando Bob Nerwirth, el amigo de Bob Dylan y el hombre que presentó a Kris Kristofferson a Janis Joplin, la convenció para hacerse cantante.

Jimi Hendrix y Janis Joplin (1970)

De nuevo en París, y de nuevo una mala noticia leída en las portadas francesas. Un mes antes de morir, Hendrix explicó a Patti Smith su proyecto de crear un lenguaje universal, “el lenguaje de la paz”. Electric Lady, el estudio en el que Hendrix tendría que haber hecho realidad ese sueño fue cinco años más tarde el lugar en el que Patti Smith grabó “Horses”, su primer y esperadísimo disco.

La muerte de Janis Joplin fue un golpe mucho más duro. Patti le había compuesto una canción una noche en la que tuvo que cuidar de ella. Janis se sintió muy identificada: “cuando el público se va a casa / y me acuesto y me doy cuenta de que estoy sola, / no puedo creer / que tuviera que sacrificarte”.

En una de aquellas veladas en el Chelsie, Patti vio a Joplin y Kris Kristofferson cantar a dúo “Me and Bobby McGee”.

Jim Morrison (1971)

El cantante de The Doors fue quien dio a Patti Smith la idea de fundir poesía y Rock and Roll. Murió en la bañera el 3 de julio, el mismo día que Brian Jones ,y cerró la maldición del club de la “J”: Jones, Jimi, Janis y Jim. Años después, en París, Patti fue a llevar un ramo de jacintos a su tumba en el cementerio de Montparnasse, rodeada de pintadas, colillas, púas de guitarra… Una anciana la increpó: – “Americanos, ¿por qué no honráis a vuestros poetas?”. – “Je ne sais pas, madame…”.

Cuando murió Morrison, Patti empezaba a dar recitales de poesía y vivía su aventura con Sam Shepard, con quien llegó a escribir una obra de teatro, “Cowboy Mouth” que solo se representó en una ocasión.

Patti y Robert habían encontrado su camino, y el final de estas muertes en cadena significó también el final de una época de experiencias y búsqueda de identidad. Patti Smith grabó “Horses” en 1975, “Radio Ethiopia” en 1976, “Easter” en 1978 y “Wave” en 1979.

Sam Wagstaff (1987)

La muerte cambia de vestido, se desprende de su carcasa de crisálida y aflora en forma de mariposa. Sam, el mecenas que permitió a Robert Mapplethorpe desarrollarse como artista, que le regaló su primera Hasselblad y que le compró el loft de Nueva York, pero, sobre todo, el hombre al que el artista amó profundamente, fallece de una neumonía asociada al sida que también estaba a punto de dejar a Patti Smith sin su mejor amigo. Desde la grabación de “Wave”, Patti se había dedicado a disfrutar en Detroit de una vida familiar junto a su marido, Fred “Sonic” Smith, el guitarrista de los MC5. Allí tuvieron a sus dos hijos, Jackson y Jesse.

Solo salió de su retiro para grabar “Dream of Life” en 1988, un disco que Steven Sebring convirtió en una película documental en 2008. Robert la fotografió con una mariposa azul como símbolo de la transformación.

Robert Mapplethorpe (1989)

Patti Smith dormía. Cumplió su promesa de contar su vida juntos en “Just Kids” (“Éramos unos niños”). Tiempo atrás, lo había imaginado sobre un potro de tortura, convirtiéndose en cenizas: “Aunque un día tendría sus cenizas en mi mano”.

Richard Sohl (1990)

El querido pianista del Patti Smith Group, que les recordaba a Tadzio, de “La muerte en Venecia”, sufrió un ataque al corazón cuando disfrutaba de unas vacaciones. Había estado con ella desde 1974.

Kurt Cobain (1994)

Probablemente vio en este chico atormentado el reflejo de sí misma, años atrás cuando también se veía como una niña. Siempre le fascinó la historia de Peter Pan. Por eso cuando apareció su cuerpo en su casa de Seattle lo que sintió fue un profundo enfado. Escribió “About a boy” en su memoria: “He estado entre ellos; / he estado sola. / Niño, niño, / solo un niño, /solo un niño pequeño / que nunca crecerá”.

Fred “Sonic” Smith (1994)

Fue el hombre que Patti buscaba y encontró. El hombre de su vida. Se casaron en 1980 y vivieron juntos en Detroit hasta su muerte a causa de un ataque al corazón. Para él cantó “Gimme Shelter” (“Dame refugio”) de los Stones cuando entró en el Salón de la Fama del Rock en 2007.

Todd Smith (1994)

Sin tiempo para recuperarse, Patti Smith afrontó la muerte de su hermano apenas un mes después de enviudar. De nuevo el corazón…

Su admirado Bob Dylan y sus amigos Michael Stipe (REM) y Allen Ginsberg la rescataron del agujero y en 1995 participó brevemente en la gira interminable del bardo de Minnesota.

Las muertes de Robert, Richard, Kurt, Fredd y Todd la inspiraron para grabar “Gone Again”. Fue el comienzo de una nueva etapa prolífica: los discos “Peace and Noises” y “Gun Ho”, de contenido político; la exposición Strange Messenger en el museo Warhol…

Beverly Smith (2002)

Cuando partió para Nueva York, su madre le puso en la maleta un vestido de camarera. Un seguro de vida, pero también una invitación a no olvidar los orígenes. Dos años después de su fallecimiento, en 2002, Patti publica el disco “Trampin’”, un tributo a la maternidad.

Rachel Corrie (2003)

El 16 de marzo, un bulldozer del ejército israelí aplastó a esta activista norteamericana cuando trataba de evitar un desalojo en Gaza. Patti Smith está totalmente implicada en los movimientos de protesta contra la guerra. En homenaje a Corrie escribe “Peaceable Kingdom”: “Quiero decirte que tus lágrimas no han sido en vano, / pero supongo que ambas sabíamos que nunca seríamos las mismas / (…) ¿Por qué nos debemos guardar todos esos sentimientos? / Leones y corderos convivirán”.

Todos ellos eran sus amigos, y han muerto…

Pese a todo, Patti Smith continúa, aliada con la vida, con la justicia, con el amor y con la poesía, consciente de su suerte al tener uno de los caballos ganadores. Acaba de presentar su disco “Banga”, íntimo y de nuevo sorprendente y, en España, la editorial Lumen ha reeditado “Mar de coral”, el poemario en prosa que Patti escribió para Mapplethorpe.

Alberto Alonso (en memoria de Blanca y Bea y el emocionante recital de Patti Smith en Castrelos (Vigo) en el verano de 2010)

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